[JOSÉ ORTEGA Y GASSET // 1883-1955]
Racionalismo vs vitalismo
Ortega diagnostica la crisis de la filosofía moderna como resultado de un error fundamental. La oposición entre razón (racionalismo, Descartes) y vida (Nietzsche, vitalismo, Bergson). El racionalismo absolutiza la razón, y sacrifica la vida. El vitalismo absolutiza la vida, y sacrifica la razón. Ambos son unilaterales. Ortega propone una tercera vía: la razón vital.
“Yo soy yo y mi circunstancia”
El “yo” no existe en abstracto, existe siempre situado en una circunstancia concreta (histórica, geográfica, social, corporal). Y a su vez, la circunstancia no existe sin el “yo” que la interpreta y vive. La conocida continuación de la frase “… Y si no la salvo a ella, no me salvo yo” describe la relación de la vida y la razón. El proyecto vital del ser humano es integrar el yo con su circunstancia: amar, comprender, y transformar su entorno para poder realizar su vida con sentido.
La razón vital: ni razón pura, ni irracionalismo
La razón vital incorpora el tiempo, historia y vida en el acto de conocer. No es una razón que domina desde afuera (razón cartesiana) ni una vida que desborda de la razón (irracionalismo). Es la razón histórica, con perspectiva, encarnada. No existe verdad absoluta desde ninguna posición, hay perspectivas que son parcialmente verdaderas.
Cada uno con su circunstancia ve el universo desde su propia ventana. La verdad absoluta existe, pero es compuesta únicamente por la unión de las diferentes perspectivas.
La rebelión de las masas
La masa es psicológica: el individuo que se identifica con la media, que no se exige nada y pretende tener todos los derechos sin asumir ninguna obligación. La rebelión es que este tipo ha llegado al poder. El Hombre-Masa es intelectualmente satisfecho de sí mismo, hostil a los mejores, incapaz de autocrítica. Ortega divide dos clases de actitudes: Aristócrata (Exigentes consigo mismos, nobleza no por herencia o riqueza, sino por disciplina y esfuerzo) y las masas (Los conformistas, incapaces de autocrítica).
Sócrates y Don Juan: Las dos ironías
Sócrates (la razón) y Don juan (la vitalidad) retratan ironía de manera distinta. Por un lado, Sócrates la utiliza como herramienta para desmentir y encontrar falencias en el discurso de otros, fingir ignorancia para que el otro piense. Es parte del método socrático. Por otro lado, Don Juan, usa la ironía para evitar comprometerse (seduce pero no vincula, dice amar pero no se entrega) Es un mecanismo de evasión: Huye de la profundidad, del yo comprometido con su circunstancia.
Dentro de estas dos ironías, Ortega deriva una síntesis vital: Ni la razón que aplasta a la vida, ni la vida que elude a la razón. Sino la razón encarnada que se compromete con su circunstancia.
Sócrates es admirable porque doma el instinto, pero corre el riesgo de volverse fría y alejarse de la realidad humana.
Don Juan demuestra que la moral no puede ser válida si ignora o reprime necesidades biológicas, e impulsos vitales del ser humano.
Para Ortega, ambos son extremos insuficientes: El racionalismo puro desprecia la vida, y el vitalismo puro desprecia el raciocinio.